“Domesticados” por la lectura

Los inscritos en el Club con plaza para la lectura de Subsuelo, de Marcelo Luján, ya pueden retirar su ejemplar en la librería Tustitala.

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El pasado 25 de enero se presentó en la Biblioteca Muncipal Santa Ana de Badajoz la primera edición del Club de Lectura Viva. A las siete de la tarde, de noche y lloviendo, las cuarenta sillas que se habían dispuesto en la sala de infantil estaban ocupadas. Los lectores son personas especiales, y están acostumbrados a defender su afición del embate de los elementos, la ignorancia (por lo general, arrogante), la desidia y, sobre todo, de la pereza. Leer ayuda a todo eso y, además, divierte; y enseña otras cosas, esas sí, ya contenidas en el libro.

Estas últimas son las que convierten la literatura actual en irremplazable. “No concibo la lectura si no es prestando atención a mis contemporáneos, que son los que me ayudan a comprender el mundo en el que vivo”, decía Pablo Mazo, director editorial de Salto de Página, en su interveción durante la presentación.

Pero es que, además, los escritores vivos nos necesitan a nosotros, lectores vivos también, para seguir escribiendo —y las editoriales para seguir editando—. Vanagloriarse de ser un lector exclusivo de autores clásicos (y muertos) es una irresponsabilidad como lo sería enorgullecerse de no comprar nunca el periódico pero ir a leerlo, todos los días, a la hemeroteca o a los bares porque, tarde o temprano, la hemeroteca dejará de tener periódicos.

Debemos responsabilizarnos de aquello que amamos: nos lo explicó con claridad, aunque con otras palabras, el zorro de El principito. Y los que promovemos iniciativas como este Club de Lectura Viva nos enorgullecemos de amar lo vivo, con todas sus imperfecciones, por encima de lo muerto, por muy encumbrado que esté.

Parte de esa responsabilidad implica trabajar para conseguir que editores y autores consideren esta ciudad una parada más en sus giras de promoción; que sepan que aquí estamos deseando que sus escritores vengan e intenten vendernos sus obras de viva voz.

No se nos puede acusar de ser una sociedad, la pacense y, por extensión, la extremeña, que consume poca literatura si sus mismos creadores no ponen empeño en defenderla sobre el terreno. Uno camina por las librerías locales y ve objetos, no obras de arte unidas a un artista a través de una experiencia misteriosa y apasionante. Para revelar esa experiencia se inventaron los actos de presentación. ¿Cuántos de nosotros nos hemos decidido a comprar un libro o un disco de música, no ya porque hayamos visto en directo a su autor sino, sencillamente, porque lo hemos escuchado en una entrevista y nos ha transmitido su pasión por su trabajo?

Ahora solo falta que los escritores invitados a este Club de Lectura Viva se vean arropados, que las librerías que acogen sus actos de presentación se llenen. Para ello, es imprescindible que venzamos la pereza (la de quedarnos en casa) y asumamos nuestra responsabilidad, si es que realmente —como el zorro de El Principito—, hemos sido “domesticados” por la lectura.

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