Autor: Joe Kubert

Kanada: la belleza del hundimiento.

Uno ingresa a Kanada (Sexto Piso, 2017) como el payaso triste a la carpa principal de un circo, maleta ajada en mano, mirando a la platea, pidiéndole a las sombras un perdón en forma de sonrisa, o un grito que principie el linchamiento. O tal vez no. Tal vez, en realidad, sea el protagonista, claro, el que entra así, pero qué diferencia hay en Kanada entre éste y uno.

El payaso triste fue siempre un misterio para mí, como el placer del dolor o la atracción del miedo, y no por su simple condición de oxímoron, sino por lo mucho que dice de nosotros, los espectadores. El payaso triste suele ser inteligente, sensible, esbelto y talentoso, y precisamente por ello está condenado a la humillación y al ostracismo en el esperpento del circo, que tanto se parece a un país en guerra: en ambos hay jugarse la vida a diario para ganarse el pan. Es un arquetipo muy difícil de describir porque, aunque —como tal arquetipo— no cabe esperar en él salvación alguna, la contradicción entre su potencial y la resignación con que asume su sino le dota de una profundidad dolorosa.

En la última novela de Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), un superviviente de Auschwitz regresa a su casa en Budapest, deseando no encontrarla de pie, quizá para no tener que responsabilizarse de la insoportable carga de su pasado. Ya en la página doce, hace esta reflexión: «Hace un momento habías perdido una casa y era más sencillo continuar caminando. Ahora has perdido una llave y sólo te queda esperar en la puerta». Alguien le abre, claro, y ahí empieza todo, si es que algo termina.

Lo que ocurre después es el fruto de años de trabajo concienzudo de miniaturista, pero también de trabajador de campo. A finales de 2015 coincidí con el autor en Hungría. Ambos viajamos allí para documentar nuestras novelas en curso. Tomando una cerveza frente al parque Ersébet Tér, le escuché por primera vez hablar sobre el discurso de la víctima como algo exógeno a la propia víctima; sobre el discurso de la víctima como un constructo que sirve a la sociedad para asignar los papeles de buenos y malos en episodios o períodos en los que la humanidad entera se ve amenazada y agredida. Necesitamos pensar que los culpables son la encarnación del mal, sin matices, y que aquellos que son merecedores de nuestra compasión son absolutamente inocentes; porque, ¿nos compadeceríamos igual si abriéramos los ojos a su maldad? ¿Cómo repartiríamos entonces los papeles?

Allí lo escuché hablar por primera vez de la culpabilidad del superviviente, ese concepto tan presente en el Imre Kertész de Yo, otro, y tan bien desarrollado por Hannah Arendt en Eichman en Jerusalén, y que después he descubierto como una característica transversal —tal vez inherente— a todas las estrategias de sometimiento y dominación, más o menos sistémicas, desde el tráfico de seres humanos hasta el acoso escolar: cuando el verdugo consigue que la víctima se implique de alguna manera, participando de la explotación de otro, delatando a otro, ayudando en la selección de nuevas víctimas, la mayor parte de las veces bajo amenazas, aunque otras motu proprio, ya no hay marcha atrás. La humanidad de esa víctima estará fracturada en su base y nada restituirá su inocencia.

Juan Gómez Bárcena podría haber escrito una novela espectacular y, sin embargo, decidió escribir la novela que quería, sin importarle el espectáculo, arrostrando la dificultad que entrañaba el diseño: un protagonista lacónico, cuando no mudo, al que el narrador se dirige en segunda persona, generando esa ilusión de identidad con el lector. Un elenco de secundarios escogidos, sin nombre, meros actantes. Un foco de escena que ilumina únicamente una casa, un cuarto, apenas un telescopio y un montón de paja y otro de libros. La bruma o la oscuridad o el frío o la platea repleta de un público que quiere reírse del payaso triste o nada, por todo contexto.

Un trabajo de artesano que construye galeones dentro de botellitas de cristal. Eso es Kanada. Y es bello, como lo son esos pequeños milagros de palillos y pegamento. Ahí es donde uno despeja toda duda de estar ante un texto de calidad: en la belleza del mal. Ahí, donde reside la clave para interpretar nuestra innata atracción por el payaso triste, eso que nos hace humanos: la capacidad para deleitarnos con la belleza del hundimiento.


Juan Gómez Bárcena estará en el Club de Lectura Viva, presentando Kanada, el viernes 6 de octubre a las 20:00, en la Librería Cien Cañones de Badajoz.


Ilustración: Joe Kubert

Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) es un escritor y crítico español. Es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, en Filosofía y en Historia. Ha publicado previamente Los que duermen (Salto de Página, 2012) y El Cielo de Lima (Salto de Página, 2014), por la que obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2014,5​ el Premio Sintagma a la mejor novela española elegida por los lectores, el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2015; y fue finalista del Premier Roman de Chambéry.

Miguel Ángel Carmona (Badajoz, 1979), es escritor y director del Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez, entidad desde la que coordina el Club de Lectura Viva. Ha publicado Manual de autoayuda (Salto de Página, 2016), libro con el que quedó finalista del Premio Setenil ese mismo año.

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