Y llegó Virginia Wooolf

Aquí están, Kafka con su sombrero, Pessoa y su pajarita, Baroja enfundado en su abrigo de paño, y la baronesa Blixen con su bolso bien agarrado, como maruja en mercadillo. Estamos también todas nosotras, lectoras y lectores, amigos y familia del CLV, esperando a Virginia Woolf como agua de abril. Tanto así, que llegan juntas: la Woolf —de la mano de Diego Moreno, Jesús Marchamalo y Antonio Santos— y la lluvia, que parece empeñada en hidratar este club, o acaso sea una lectora empedernida que se haya propuesto no perderse un solo encuentro, pero que, en cualquier caso, ha decidido empezar por las zapatillas azules de Marchamalo.

 

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No tardamos en entrar en calor. Con la sala infantil de la Biblioteca P. M. Santa Ana a rebosar, y las complicidades tejidas entre los tres invitados a lo largo de los años y los proyectos comunes, tras una breve presentación de Diego Moreno, editor de Nórdica, a cargo de Miguel Ángel Carmona del Barco, coordinador del CLV —en la que le parece oportuno compararlo con un Teseo que tenga la misión de guiarnos a través del laberinto de los criterios editoriales hasta las entrañas de su catálogo—, empieza el diálogo que todos hemos venido a escuchar. Qué es un editor y para qué sirve, cómo se forma el criterio editorial, cómo se trabaja con autores como los presentes en la mesa, qué se publica en Nórdica. Alguien en el público pide la palabra.

—Sí, todo eso está muy bien. ¿Pero cómo sabes qué editar y qué no?

Diego Moreno conoce el mercado. Eso es lo que le contesta. Y sabe, además, identificar lo que le parece auténtico. «Pero el mercado de la sinceridad es difícil», le responden una vez más desde el público. Marchamalo anota el titular y nombra a algún poeta que dice que podrá dar buena cuenta del verso. Seguimos adelante. Virginia Woolf está entre nosotros, pero aún no la hemos visto ni escuchado. Carmona del Barco se agarra otra vez a sus papeles y lee unas semblanzas para presentar a los dos invitados restantes. A Marchamalo lo llama escritor y periodista copulativo, bilingüe de oficios; a Santos, colaboracionista con sus modelos —citando a Berger—.

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Este último toma la palabra y deja una cosa muy clara. Trabaja con quien le cae bien, y lo que le une al resto de invitados no es simplemente una colección exitosa y bella, sino una relación de amistad que ordena caprichosamente los tiempos de espera y trabajo: a veces él hace primero los linograbados, a veces Marchamalo escribe primero, casi nunca se muestran mutuamente el trabajo antes de tenerlo terminado; a veces uno lee más que el otro para documentarse —Santos siete bibliografías de Virginia Woolf y todo el círculo de Bloomsbury—, a veces el otro más que uno. Después llega Diego Moreno y pone orden. Esta ilustración no, esta sí. Como cuando Marchamalo decidió no hablar de África en el libro de Karen Blixen (también conocida como Isak Dinesen), por no caer en el tópico, pero recibió una llamada del editor:

—Jesús, que Antonio ha metido jirafas en 13 de las 15 ilustraciones. Algo de África tendrás que decir.

Marchamalo y Santos bailan un tango (figurado) frente a nosotras. Se compenetran tan bien en la mesa de oradores como en las páginas de sus libros. Se lanzan dardos y besos, y hacen bailar a todo el público, pero se hace tarde para los trabajadores de la biblioteca, y hay que ir despidiendo a Virigina. Para dulcificar el adiós, Carmona anuncia que hay un vino esperando del otro lado de la estantería que divide la sala, y también que hay unas pocas de decenas de ejemplares que firmar: entre los de los inscritos en el CLV, y los que el público ha comprado allí mismo, entre ochenta y cien. Y no son, Marchamalo y Santos, de dedicatoria telegramática. El primero escribe un ramillete de frases en cada uno; el segundo, ilustra la hoja de guarda o el colfón con una obra de arte creada ex profeso.

Una hora más tarde, se apuran los últimos vasos de Habla y se escriben los últimos abrazos. El Club de Lectura se marcha, bajo la lluvia, a cenar y a tomar sake. El resto nos vamos acariciando las dedicatorias para demorar la vuelta al mundo real.

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