Así fue el CLV de KUEBIKO

Por alguna extraña razón he necesitado varias semanas para compartir con vosotros algunas imágenes de la presentación de #KUEBIKO en Badajoz, y para agradeceros que abarrotárais la librería y nos diérais tanto cariño, también a mí pero, sobre todo, a Muhannad y a Shadi. Su estancia aquí fue intensa: nos dio tiempo para pasear y hacer turismo, fuimos a la clase de Pablo y allí los niños y niñas tuvieron la oportunidad de conocer, de primera mano, una experiencia de éxodo, y de hacerles preguntas tan radicalmente necesarias como la de la genial Minerva: «¿Puede tu familia protegerte de la guerra?» Al final de la charla, le pregunté a los niños si los veían muy diferentes a nosotros y todos gritaron «¡Sí!» al unísono. Pero esa enorme diferencia en realidad era, únicamente, que hablaban en un idioma distinto. Después, les pregunté en qué se parecían a nosotros, y ahí alguien dijo «también tienen corazón», y otro «también tienen sentimientos». Niños y niñas de seis y siete años.

Nos reunimos con el imam Adel Najjar —a quien le mando un abrazo especial estos días tan duros para su tierra—, y gracias a él conocimos a Zouhair, que hizo de traductor durante la presentación para que Muhannad y Shadi pudieran participar en el acto. Muhannad mandó dos mensajes que nos emocionaron a todos: el primero, que la gente que aún permanece en Siria, después de 8 años de guerra, necesitan toda nuestra ayuda; el segundo, que por cada ejemplo negativo elevado por los medios a la categoría de tipo, hay cien ejemplos positivos de refugiados que trabajan durísimamente para aprender el idioma y reconstruirse. Pero, como dijo, «no somos ordeadores a los que puedes formatear y borrar toda la información. Necesitamos tiempo». Libreria Universitas estuvo a reventar: casi cien personas nos acompañaron esa tarde de jueves que se alargó hasta las once, bajo la paciente y generosa mirada de Jose Maria, Esther, Julia y todo el equipo de la librería, para quienes sólo tengo palabras de agradecimiento. Ana Gragera me ayudó a coagular mis ideas, siempre líquidas, si no vaporosas, y condujo la tarde por los caminos del disfrute —sólo había que ver las caras del público, ni un bostezo conté—.

La noche terminó a la vera de Castelar, orillados en un mar de complicidades, comidos, bebidos y reídos como ciudadanos libres. Nos costó despedirnos. Pero al día siguiente nos dio tiempo, incluso, unos minutos antes de que Muhannad y Shadi cogieran el autobús hacia Madrid, a subir a casa de mi madre, Dolores. Muhannad me hizo traducirle la frase: «tiene usted un buen hijo». Mientras, Alicia, les compraba unas perrunillas para el viaje en el último gesto de una semana que fue lo que fue gracias a ella. No sé la cantidad de veces que se me han saltado las lágrimas a lo largo de estos días, y me alegro, porque no me gusta llorar pero me encanta haber llorado. Todo esto era #KUEBIKO, así que estoy muy contento. Gracias de corazón.

 

Miguel Ángel Carmona del Barco

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